LO QUE NO VALORAS HASTA QUE EMPIEZA A IRSE.

Es la historia de ...

 

CAPITULO 1

La primera vez que Nicolás vio a Natalie, pensó que era una de esas personas que parecían pertenecer a otro mundo.

No fue por su belleza, aunque era imposible ignorarla. Fue por la forma en que caminaba por los pasillos de la universidad: segura, elegante, como si conociera exactamente cuál era su lugar en el mundo. Mientras tanto, Nicolás seguía sintiéndose un intruso.

La Universidad de Altos Estudios de México era una de las más prestigiosas del país. Allí estudiaban hijos de empresarios, políticos y familias influyentes. Nicolás había llegado gracias a una beca académica completa. Su madre era maestra de primaria y su padre tenía un pequeño taller mecánico. Todo lo que había conseguido era producto de años de esfuerzo.

Natalie, en cambio, era hija de una de las familias más conocidas de la ciudad. Había crecido rodeada de privilegios, viajes al extranjero y escuelas privadas.

Aun así, cuando Nicolás la vio sentada en la primera fila durante la clase de Economía Internacional, no pensó en las diferencias.

Pensó que quería conocerla.

Y eso fue exactamente lo que intentó hacer.

—Hola, Natalie, ¿verdad? —preguntó una mañana al salir del salón.

Ella levantó la mirada de su teléfono.

—Sí.

—Soy Nicolás. Estamos en el mismo equipo para el proyecto del profesor Salgado.

—Ah, sí. Mucho gusto.

Le sonrió brevemente y siguió caminando.

Nicolás se quedó observándola alejarse.

No era un rechazo exactamente.

Pero tampoco era un avance.

Durante las siguientes semanas encontró cualquier excusa para acercarse.

Le enviaba información útil para el proyecto.

Le guardaba lugar en algunas conferencias.

Le preguntaba cómo iba con los exámenes.

A veces incluso le llevaba café.

Natalie siempre era educada.

Siempre amable.

Pero distante.

Como alguien que recibe flores de un desconocido y las coloca en un jarrón por cortesía.

Nunca por amor.

—Te está rechazando con elegancia —le dijo su mejor amigo, Diego, durante una comida.

—No me está rechazando.

—Hermano, te responde los mensajes ocho horas después.

—Está ocupada.

—Y cuando la invitas a salir siempre tiene algo que hacer.

Nicolás suspiró.

—Tal vez necesito insistir un poco más.

Diego lo observó durante unos segundos.

—¿Y si simplemente no le gustas?

Aquella pregunta se quedó rondando en su cabeza durante días.

A pesar de todo, siguió intentándolo.

La invitó a una exposición de arte.

Ella dijo que tenía una reunión familiar.

La invitó a tomar un café.

Ella dijo que estaba ocupada.

La invitó a caminar después de clases.

Ella dijo que tenía planes.

Una y otra vez.

Una y otra vez.

Hasta que una tarde, finalmente, decidió ser sincero.

El campus estaba casi vacío.

Las jacarandas comenzaban a teñir los caminos de flores moradas.

Natalie estaba sentada en una banca revisando documentos para una exposición.

Nicolás respiró profundamente.

Era ahora o nunca.

—Natalie.

—¿Sí?

—Creo que ya sabes que me gustas.

Ella lo miró en silencio.

—Nicolás...

—No tienes que decir nada si no quieres.

—No, sí debo decirlo.

La expresión de Natalie se volvió seria.

—Eres un gran chico.

Y en ese momento Nicolás supo exactamente lo que venía después.

Porque esas palabras nunca terminaban bien.

—Pero no siento lo mismo.

El corazón le cayó al suelo.

Ella continuó.

—No quiero darte falsas esperanzas.

Prefiero ser honesta.

Lo siento.

Nicolás sonrió con dificultad.

—Entiendo.

Pero en realidad no entendía nada.

Porque durante meses había imaginado cientos de posibilidades.

Menos aquella.

Las semanas siguientes fueron extrañas.

Por primera vez desde que comenzó la universidad, Nicolás dejó de buscar a Natalie.

Dejó de enviar mensajes.

Dejó de encontrar excusas para hablar con ella.

Simplemente siguió adelante.

Y fue entonces cuando apareció Sofía.

Sofía llevaba todo el semestre sentada tres filas detrás de él.

Era inteligente, divertida y tenía una facilidad increíble para hacer reír a cualquiera.

Lo curioso era que Nicolás nunca había prestado demasiada atención.

Hasta que empezó a hablar con ella.

Primero fueron conversaciones sobre tareas.

Luego sobre películas.

Después sobre música.

Y finalmente sobre la vida.

Cada día se quedaban unos minutos más después de clases.

Cada día descubrían algo nuevo del otro.

Y, por primera vez en mucho tiempo, Nicolás sonreía sin estar pensando en Natalie.

Natalie fue la primera en notarlo.

Al principio creyó que era una coincidencia.

Luego comenzó a verlos juntos constantemente.

En la cafetería.

En la biblioteca.

En los jardines.

Riéndose.

Conversando.

Compartiendo apuntes.

Y algo extraño empezó a crecer dentro de ella.

Una sensación incómoda.

Desagradable.

Desconocida.

Una tarde observó desde lejos cómo Sofía le acomodaba a Nicolás una hoja que el viento estaba a punto de llevarse.

Los dos se rieron.

Y Natalie sintió un pequeño nudo en el estómago.

No entendía por qué.

Ella había sido quien lo rechazó.

Ella había dejado claro que no quería nada.

Entonces, ¿por qué le molestaba verlo feliz con alguien más?

Esa noche no pudo dormir.

Por primera vez en meses pensó en Nicolás.

En su paciencia.

En su amabilidad.

En los cafés que siempre aparecían en su escritorio durante los exámenes.

En los mensajes deseándole suerte.

En la manera en que la escuchaba.

Y se dio cuenta de algo que jamás había considerado.

Quizá nunca se había permitido verlo realmente.

Había estado tan acostumbrada a que las personas la buscaran por interés, por estatus o por apariencia, que nunca se había detenido a pensar que Nicolás era diferente.

Que tal vez lo que sentía era genuino.

Y ahora parecía demasiado tarde.

Al día siguiente, Natalie llegó temprano a clases.

Nicolás entró unos minutos después.

Sofía apareció detrás de él.

Ambos venían riéndose de algo.

Natalie sintió otra vez aquella punzada incómoda.

Entonces comprendió exactamente qué era.

Celos.

Y por primera vez desde que lo conocía, tuvo miedo.

Miedo de haber dejado escapar a alguien que realmente valía la pena.

Mientras observaba cómo Nicolás tomaba asiento junto a Sofía, una pregunta comenzó a perseguirla.

¿Y si había cometido un error?

¿Y si el chico al que había rechazado tantas veces era precisamente el que estaba destinado a cambiar su vida?

Natalie no conocía la respuesta.

Pero estaba decidida a averiguarla.

Aunque para hacerlo tuviera que luchar por un amor que ella misma había rechazado.